Crónicas del Ecce Homo

Estulticia In Crescendo

Dos personas muy muy queridas para mí acaban de publicar un libro en uno de los sellos de Planeta que radiografía el tenor del alumnado académico de un modo lacrimosamente clarividente. El libro lleva por título La Osadía de la Ignorancia y, en lo que a mí respecta, se lo recomiendo a todo el mundo, especialmente a la gente con hijos en edad universitaria... aunque, siendo schopenhauerianamente pesimista como soy, estoy convencido de que en términos generacionales la batalla por la cultura, el conocimiento y el pensamiento crítico independiente está perdida. Y no es que la ignorancia no haya sido nunca osada; el problema es que ahora ha derribado los muros de su viejo gueto y se ha hecho soberana: ha penetrado gobiernos y parlamentos, ha inundado el mundo académico y la calle le pertenece absolutamente. 

 

Osadía

No escuches un debate en las cortes sin un emético cerca para purgarte de todas las sandeces que salen de boca de sus fechorías. No utilices un tetrasílabo porque tu interlocutor se habrá perdido después de la segunda sílaba... y no se te ocurra decir “tetrasílabo” porque te queman en la hoguera como antes quemaban a las pendejas que entonaban “abracadabra”. Si quieres saber qué pasa por la cabeza del tipo más poderoso —y, por cierto, más estúpido— del planeta no acudas a los viejos y acreditados pilares de la prensa rigurosa, sino conéctate a X a las 2 a.m. (hora de la Costa Este de EEUU) y tómate un valium para que no te dé un pasmo leyendo las burradas que salen de los dedos morcillosos del POTUS REPOTUS del manicomio en que se ha convertido Norteamérica. Si quieres que te entienda el tipo o tipa media que trota por la calle como si tuviera un propósito fijo, habla poco y gesticula mucho y que la Fuerza te acompañe... Y ésa es otra: nada de referencias culturales, ni siquiera pop, que apunten a un pasado más allá de los siete últimos días (festivos incluidos), si no quieres que te respondan con un rostro de perpleja incomprensión y un leve mugido estrangulado en la garganta: ¿¡Uummm!?

Burros

Bueno, así está la cosa y esto no lo arregla ni el Apocalipsis de San Juan... pero no es cuestión de ponerse a repetir lo que dicen mis queridos Juan y Amelia en su atinado estudio. Yo hablaré de lo que ellos —siendo como son profesores cuerdos y sensatos— no osarían hablar: del Diablo... de quien puedo decir cuatro cosas porque de cordura y sensatez tengo más bien poca y además converso a menudo con el Viejo Insurrecto, del que aprendo no poco de interés.

Tecno Satán

Y es que en nuestra era el Diablo se ha hecho tecno. Desde los tiempos bíblicos, el Ángel Proscrito ha evolucionado mucho; en su caída ha levantado un imperio, como quien dice.
“Por aquel entonces yo era un satán en la corte del Altísimo”, me comentó una de estas noches mientras bebíamos aguardiente y picábamos unos sabrosos choricillos al infierno.
“¿Un satán?”, replico.
“Tú has estudiado hebreo clásico, ¿no?”, me reprocha con impaciencia, “pues eso, un adversario, un acusador... en definitiva, el fiscal general de la Corte del Cielo. Y va y veo a Job, tan sumiso, tan adulador, lamiéndole el culo a Dios un día sí y otro también. Y echo un vistazo a sus cuentas en los diferentes bancos nacionales y extranjeros y constato que tiene de todo: rebaños, ganado, casas, hijos, hasta un pisito en Gaza para ciertas escapadas pícaras de fin de semana y un yate en el Mar Rojo. Y voy y le digo al Juez Supremo: ‘¿Cómo no va a estar este tipo cantándote alabanzas todo el día, si se lo has dado todo?’ Y Dios, el muy ladino, me responde: ‘Job es uno de los pocos leales. Quítale todo lo que se te antoje y verás cómo sigue rezándome.’

Job rico

"Y yo, estúpido de mí, voy y caigo en la trampa: disperso sus rebaños y cabezas de ganado por toda la ribera del Jordán, mato a sus hijos, destruyo sus casas, incluso el pisito de escapadas en Gaza (que, por cierto, no tenía asegurado), le hundo el yate y sólo le dejo entera a su mujer, que era una bruja. En fin, que Job acaba cual homeless en una calle secundaria y polvorienta de su pueblo rascándose las pústulas (iniciativa mía también) con una teja infecta. Pero, oye, Dios la había clavado: Job seguía alabándolo y rezándole. Cierto que ahora sus oraciones no eran tanto del tipo Gracias por todo lo que me has dado y tiraban más al ¡Devuélvemelo todo!, pero el hombre seguía firme en sus creencias, a pesar de que la bruja de su mujer le incitaba a maldecir a Yahveh y acabar con su propia vida en un plisplás... la muy pendeja...”

Job mísero
Mujer de Job

“¿Y dices que esto te hizo aprender?”
“¡Una barbaridad! Mira el truco no estaba en quitarle cosas a Job, sino en darle muchas muchas muchísimas más. ¿Por qué te crees que Dios me dijo quítale todo lo que se te antoje en lugar de tiéntalo y a ver qué pasa? Los dados estaban trucados. Si hubiera habido en todo Israel por aquel tiempo un tipo con dos dedos de frente a quien inspirarle la idea del móvil y de las redes sociales, habría sido definitivo: el alma de Job habría sido mía y sólo mía. ¡Pero no! He tenido que esperar todos estos siglos para que mi idea se hiciera realidad. La espera no ha sido vana, sin embargo, porque ahora he podido desalmar de golpe al 90% de la población humana y pseudohumana... y el otro 10% no tardaréis en caer también”.
“¡¿Qué me dices?!” 
“Mira, en el fondo la estrategia es simple, no hace falta leerse ni a Sun Zu ni a von Clausewitz: empieza por destruir la atención de las mentes ofreciéndoles más contenidos (ultrabanales) de los que pueden asimilar; acorta la distancia entre su deseo y el objeto de su deseo a la dimensión de un solo click; hazles perfectamente accesibles tantos datos como sean necesarios para convencerlas de que leer, estudiar, memorizar y aprender es innecesario; inúndalas de estímulos visuales y auditivos sin cesar; incrementa la sensación de soledad hasta el punto del pánico y la desesperación cuando pierden la conexión con sus redes; convierte el gesto de prender el móvil en la acción por defecto de todo ser humano, como antes lo era coger el cigarrillo... y ya está, en una sola generación tienes una cosecha planetaria de almas en el bolsillo. Lo que queda en la calle es la colección más estrafalaria de prescindibles autómatas que puedas imaginarte. ¡Esta tecnología es más poderosa que el fentanilo! Y si mezclas todo lo anterior con la adolescencia, lo que tienes es una adolescencia a perpetuidad.”
“¿Por casualidad no serías tú también la inspiración de “The Game”, aquel viejo episodio de Star Trek: The Next Generation?”
 

The Game

“Pues, para serte sincero, fue este capítulo el que me inspiró a mí. Pero en esta ocasión me he encargado de que no os quede ni un inspiradillo Wesley Crusher para salvar la humanidad de la mesmerización total.”
“Ni el Apocalipsis de San Juan, por lo que veo, ¿no?”
“¡Vade Retro!”
 

Tecno Zombies