Economía Sexual en el Neotantra
Tanto el Tantra clásico de la mano izquierda como el Neotantra se fundamentan en una economía de la energía sexual. Esta economía, no obstante, no es exactamente la misma en ambos casos. En el Tantra clásico, la energía retenida evitando la descarga orgásmica ordinaria y sublimada a continuación mediante sofisticados procesos psicofísicos es utilizada no sólo para fortalecer y vigorizar el cuerpo físico, sino también para generar el vehículo sutil —lo que en el budismo tántrico se conoce como Vajrayana, el cuerpo de diamante— que permita el asalto a los planos trascendentes con plena consciencia, con el objetivo último de alcanzar el núcleo de la Divinidad.
Aunque el Neotantra se presenta a sí mismo con el nombre de Tantra, sus fines son necesariamente mucho más modestos que los de la disciplina clásica, al fin y al cabo éste no es sino una decantación a la occidental de los aspectos más superficiales de aquél, con una vocación más terapéutica que auténticamente mística y taumatúrgica. Esto no pretende en absoluto ser un juicio peyorativo: es un retrato de lo que es, siendo nuestra cultura como es y operando como opera. A diferencia del Oriente tradicional, Occidente es una cultura de la prisa, de la urgencia, de la rentabilidad, lo que hace que su tendencia natural sea la de deslizarse sobre la superficie de las cosas. Cuando incorpora un elemento exógeno, busca asimilarlo de forma inmediata en su versión más elemental, más práctica y más monetizable. Lo ha hecho con las artes marciales, con la medicina china, con la meditación... y por supuesto con el Tantra, seducida, por si fuera poco, por su titilante rótulo de sexualidad sagrada. El resultado de todo ello no es ni mucho menos deleznable; es, sencillamente, una nueva creación compatible con la vida precipitada de nuestro hemisferio.
Así, si el Tantra es un camino cuyo principio fundamental es la ekagrata (एकाग्रता), la unidad de propósito, el Neotantra es otra historia: una práctica ocasional para unos y, para los más comprometidos, una forma de vivir la vida, esto es, una praxis axial que altera el resto de los aspectos de la vida común a fin de hacerlos, en la medida de lo posible, concurrentes con ella... al menos en teoría.
¿En qué consiste esta forma de vivir la vida, al fin y al cabo? Será distinta en sus detalles, por supuesto, para cada seguidor —uno será vegetariano y otro no, uno beberá alcohol y otro no, uno amplificará la práctica con psicodélicos y para otro esto será anatema...— pero en lo fundamental lo que se busca aquí es sanar la vida sexual y afectiva, aprender a sentir con más intensidad, inyectar mayor presencia en todas las actividades que conforman la vida cotidiana y, en última instancia, dar un sentido más elevado, más trascendente, más conectado con la fuente de lo que somos, a la sexualidad, sensorialidad, placer y afectos... todo ese departamento de nuestras vidas ordinariamente sumido en el conflicto, la vergüenza, la culpa y, en ocasiones, incluso la tragedia.
Al igual que en el Tantra, en el Neotantra cobra una importancia fundamental la movilización y sublimación de la energía sexual. Ahora bien, mientras que en el primero el shakta y la shakti —el hombre y la mujer que siguen esta sadhana o camino yóguico— llegan al acto sexual tras una larga y refinada preparación de sus respectivos organismos psicofísicos, habiendo trascendido el deseo y con una cultivada capacidad de interiorización —o eso, al menos, dicen los textos clásicos—, en el segundo el “paciente” llega a su momento sexual con todos los bloqueos, cicatrices, vergüenzas y sentimientos de culpa acumulados a lo largo de una vida en una sociedad que mantiene frente al sexo una actitud hipócrita y contradictoria, resultado por un lado de la herencia judeocristiana y, por el otro, de las diversas pataletas —más que auténticas revoluciones— que se han sucedido en contra de la opresiva ceguera moral de otros tiempos.
Esta diferente forma de acceder al momento sexual en el Tantra y en el Neotantra hace que en el primer caso la sublimación de la esencia sexual sea profunda y poderosa gracias a un sofisticado conocimiento de los circuitos energéticos por los que hay que reconducirla desde el nodo genital hasta los nodos anímicos y mentales superiores; en el segundo caso, sin embargo, dicha sublimación es más superficial y difusa y, en ocasiones, incluso se malogra debido a descargas orgásmicas accidentales. No hay un juicio de valor en este argumento; tan sólo una aserción descriptiva. Cada una de estas técnicas sirve para lo que sirve: en el primer caso convergen individuos que han llevado la luz de su consciencia hasta áreas recónditas de sus cuerpos físico y energético, mientras que en el segundo caso participan sujetos que carecen de ese entrenamiento y que están dañados y limitados de muchos modos.
En el caso del Tantra, la retención y sublimación de la esencia sexual, la transformación alquímica del semen (retas, रेतस्) en energía espiritual (ojas, ओजस्) es imperativo; es, al fin y al cabo el objetivo primario del acto sexual. En el Neotantra la contención de la energía orgásmica y su difusión por todo el organismo en forma de una energía vital sutilizada es lo recomendable, aunque en ocasiones una eyaculación ritualizada y en estado meditativo puede llegar a utilizarse para sanar (cuando existe) el sentimiento de culpa asociado a la descarga. Prácticamente, todos reconocen que la sublimación de la esencia sexual es lo saludable tanto física, como intelectual, como espiritualmente... ¿por qué, entonces el Neotantra es mucho más permisivo con la descarga orgásmica que el Tantra clásico? Sencillamente porque es realista en lo que respecta a la condición del practicante occidental, su entrenamiento previo, su forma de vida, los estímulos incesantes a los que se ve sometido, y porque poner mucho énfasis en el imperativo anorgásmico acabaría derivando en frustración, sensación de ineptitud y sentimiento de culpa, que es precisamente parte fundamental de lo que la terapia neotántrica trata de curar.
Sin embargo, sí resulta interesante explorar por qué falla a veces la alquimia de retención y sublimación de la energía sexual, que es lo deseable, en última instancia, en la economía del Neotantra. Y, llegados a este punto, no queda más remedio que separar la experiencia masculina de la femenina y permitir que cada uno hable desde la perspectiva de su propio género. Dado que yo soy hijo de Adán y que no tengo ni idea del funcionamiento interno de la energía sexual femenina, de sus circuitos, su forma de sublimación, sus posibles accidentes, ni de los efectos de su pérdida o acumulación, seguiré de aquí en adelante por la vía opuesta, la del Neotantra masculino.
Hay tres formas claramente discernibles en las que ocurre una eyaculación indeseada: inesperadamente, por pérdida de control, y por arrobamiento. En el primer caso la eyaculación tiene lugar incluso sin que llegue a producirse la erección y en momentos muy preliminares de la excitación. Todo el proceso que deriva en la emisión pasa por debajo del horizonte perceptivo del sujeto, a expensas de sus deseos. Probablemente este fenómeno tenga causas psicológicas así como otras relacionadas con deficiencias orgánicas puntuales (si es ocasional) o crónicas (si es habitual). En relación a éstas, da la impresión de que es precisamente la falta de energía concentrada y compactada en el pene lo que hace que el flujo seminal derivado del reflejo orgásmico surja sin contención.
En el segundo caso, la eyaculación se produce porque el grado de excitación unido a la plétora de energía centrada en los genitales supera la capacidad física, o bien mental, de control. Cuando la falta de control es física, la emisión ocurre en contra de la voluntad del sujeto, que ha tardado más de lo necesario en reinvertir el proceso, permitiendo que el incremento excitativo llegue más allá del punto de no retorno, lo que en la alquimia china se conoce con el sugerente nombre de puerta de la muerte y el nacimiento. Cuando el fallo de autorregulación es mental, el sujeto da su consentimiento a la emisión porque la carga erótica del momento supera con creces lo que su psique es capaz de tolerar y su organismo de sublimar.
El tercer caso, el relativo al “arrobamiento”, le resultará difícil de imaginar a quien no haya tenido la experiencia directa de ello. La cuestión es que en una sesión neotántrica puede ocurrir muy bien que el sujeto se sumerja en un estado de rapto interno tal que su consciencia deje de habitar el cuerpo como de costumbre y entre en una especie de nube energética de pura presencia y gozo para la cual los procesos meramente orgánicos son algo lejano e intrascendente. No es que no tenga control de los mismos o no quiera tenerlo; es que está en otro plano de la realidad. La emisión seminal, entonces, puede ocurrir o puede no ocurrir: si ocurre, el sujeto no la percibirá como tal; si no ocurre, no sabrá si ha tenido lugar o no.
Cada uno de estos casos de caída del Producto Seminal Bruto en una economía neotántrica recesiva requiere una solución específica. La del primero habrá que buscarla, seguramente, por vía de la psicoterapia o de la medicina, explorando la raíz del problema en uno de esos ámbitos o en ambos conjuntamente. El segundo caso, el de la pérdida de control físico o mental, tiene soluciones más autónomas. La obvia e inmediata es no permitir que el incremento de la excitación traspase algo que podríamos denominar el umbral de incertidumbre. Entre éste y el punto de no retorno hay un espacio en que el sujeto es fisiológicamente capaz todavía de contener la eyaculación y reinvertir el flujo de la energía sexual, pero en el que puede verse fácilmente traicionado por una vacilación o fluctuación cualquiera de su mente en forma de temor, distracción, falta de confianza en la capacidad de autorregulación, etc.
Esta “fácil” solución conlleva el problema de que la energía sexual nunca llega al punto de ebullición, a ese grado de movilización y condensación que la hace implosionar y expandirse con fuerza en forma de energía vital a través del cuerpo, nutriendo los tejidos y generando incluso ese estado anímico trascendente al que hemos llamado arrobamiento. Una solución a más largo plazo es la de ir entrenando el organismo psicofísico a asumir sin alterarse cargas de excitación y de erotismo cada vez mayores. Porque, del mismo modo que se le puede habituar a soportar cargas crecientes de esfuerzo físico y de dolor, también en este terreno cabe aprovechar su plasticidad natural para dilatar los límites de lo tolerable.
En el tercer caso, finalmente, la solución no depende del “paciente” sino de su terapeuta, shakti, compañera..., de la intuición de esta última para reconducir el proceso excitativo en el momento adecuado a fin de hacer refluir la energía hacia el interior aprovechando sus efectos regeneradores.
Todo esto puede parecer muy complicado y hasta innecesario a quien no se haya planteado nunca ir más allá de la sexualidad ordinaria y para quien el sexo convencional no sea un problema... o, mejor dicho, no sea consciente del problema que fundamentalmente constituye. Pero, sea como sea, el neotantra es una poderosa herramienta de sanación y abre horizontes existenciales tan insospechados como fascinantes.








