Toni
MONTESINOS
En 1834, en
plena decadencia familiar y económica, arrastrando su fecunda
adicción al opio, a Thomas de Quincey se le ocurre que podría
ganar un buen dinero hablando de los escritores con los que
había convivido tanto tiempo. Así, publica un texto sobre
Coleridge, que acaba de morir, y comprobando el interés que
suscita la intimidad de personalidades tan ilustres, se lanza
a escribir acerca de Robert Southey y, especialmente, de
Wordsworth. El libro que logra componer, «Memoria de los
poetas de los Lagos» (Pre-Textos, 2003), viene ahora a cuento
al mostrar una visión parcial (de 1807 a 1821), entre hiriente
y admirada, de lo que ahora descubrimos en su profunda
plenitud poética y sentimental gracias a «El preludio». Y ello
no es otra cosa que la existencia en clave autobiográfica,
mediante ocho mil endecasílabos blancos divididos en catorce
libros, del que es según Harold Bloom el inventor de la poesía
moderna, por cuanto hace «tabla rasa de la poesía» llenándola
con «la memoria del yo». Wordsworth pone a la misma altura la
confesión íntima y la reflexión espiritual pero, como dice el
crítico de «El canon occidental», el poeta sufre «chochez
poética» desde 1807 hasta su muerte, «la agonía más larga de
un gran genio poético en toda la historia». Por esas fechas,
parte de «El Preludio o El crecimiento de la mente de un
poeta», ya estaba escrita, e incluso se había publicado
fragmentariamente tres veces (la última en 1805), aunque sólo
vería la luz completo de manera póstuma. Bel Atreides detalla
los avatares de la concepción y escritura del poema,
comparando a Wordsworth con el otro poeta-profeta de la época,
Blake, además de aludir a la influyente cercanía de Coleridge.
«El autor ha encontrado el gozo en explorar poéticamente su
memoria, en reconstruir teleológicamente su pasado», dice el
traductor, que ha conseguido la hazaña de adaptar al español,
con notable ritmo y tono poéticos, la aparente sencillez con
la que Wordsworth rememoró su infancia y
adolescencia.
Desde que William Hazlitt,
contemporáneo de Wordsworth, señaló la búsqueda de lo sublime
por parte del poeta de Grasmere ¬«Las reflexiones son
profundas, acordes con la gravedad y las aspiraciones de su
mente», afirmaba¬, el romanticismo inglés inicial se ha
descrito como la estética que atiende tanto al sentimiento
como al pensamiento. En el caso de Wordsworth, en «El
Preludio», pero también en «The Excursion», donde poetiza las
impresiones de un autor retirado, esta máxima se hace
transparente. No hay arrebatamiento, sino el templado
desasosiego del hombre que no quiere alejarse de la
Naturaleza, y exclama: «¿Sabiduría y Espíritu del universo!»
(verso 401), pues en Ella se cifra la esperanza de la
humanidad.