UN JINETE

 

Tejida su mente de épicas y el fracaso de los siglos
-batallas soñadas no compraron un mundo-
Contempla el jinete un llano que engendra espacio absurdo.
Más allá del polvo bravo -metafísica póstuma de las eras-,
Sobre lomas viejas, tórridos molinos en ogros azules travestidos
Acechan en el aire cocido por el sol.
El ojo del hombre ensueño de gigantes alucina
Y su demencia desafía la cordura del yeso y de la piedra.
Y el jaco embiste...


Y aunque las torres aspadas al caballero triste
Derriban, magnánimo desdeña don Quijote la derrota.
Ésta llegará más tarde, lo cazará en el lecho,
Se llamará cordura, la traerá el hogar, el tino, la vigilia, la renuncia
A los sueños druidas...


De ogros zafiro y oro-epopeya.
Cordura... así los hombres la muerte terca titulan.
Pues de las nieblas de aquella alma demente había salvación,
Pero no en la razón, sino en mayor locura.