POEMA PARA NÁUFRAGOS

A Jesús García Calero
En el Sacramento de la Amistad

 

Qué incurablemente lejos.
Todo.
To-
dos.
Y la Palabra suspendida
al filo del hilo de la voz,
que muere desde dentro
seco,
poco a poco,
el tallo del so-
nido.

La Palabra que no llega,
que no oyen,
que no quieren,
expósita.

La Palabra en su membrana,
suspendida,
transfija por ecos de sol-
edad;
esfera de oídos que la ignoran,
vueltos hacia dentro,
devotos del murmullo únicamente
de privada sangre imperfecta,
que baña los adentros,
sí, puliendo
en somáticas orillas
runas de muerte.

Y la Palabra, sola, rota,
muere ahí fuera,
desoída,
gangrenada de llanto y poesía.