
| Ediciones Apóstrofe Barcelona 1997 427 pgs. |
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La monumental épica india del Mahabharata
es un vasto poema de más de trescientos mil versos cuyo núcleo
narrativo central relata la Gran Guerra entre dos ramas de la misma
familia kshatrya —Kurus y Pandavas— que pondría
fin al periodo de oro de la civilización india y daría
lugar a otro de progresiva decadencia. En su estado final y tras las
inumerables adiciones que el poema sufrió a través de
los siglos, el Mahabharata cubre todos los géneros
concebibles y se ramifica en multitud de historias diversamente relacionadas
con la narración central. No es fácil abordarlo y mucho
menos extraer de él una historia consistente que pueda atraer
al lector contemporáneo; pero eso es justo lo que ha hecho
Maggi Lidchi-Grassi en su trilogía. Conocí a Maggi en 1989, durante una de mis visitas a Pondicherry, donde ella vivía desde hacía varios años ya, fascinada por la India y sumida totalmente en su cultura. Cuando se dio la oportunidad de que Apóstrofe publicara su trilogía, me sentí profundamente honrado de ser su traductor. Maggi nació en París en 1930 de padres sefarditas. Sus lenguas maternas son el español y el francés, aunque escribe sobre todo en inglés y en italiano. Estudió literatura, filosofía, música y arte, y vive en la India desde 1960. Ésta es la entrevista que un colaborador le hizo en Pondicherry con motivo de la publicación en España de su saga guerrera: MAGGI LIDCHI GRASSI: No soy una persona que hable demasiado. Paso mucho tiempo sola, aunque supongo que eso les ocurre a todos los escritores. No queda más remedio. La literatura es mi forma de comunicar con los seres de mi especie. He recibido mucho a través de los libros, de la literatura. Cuando yo era una niña, no había televisión; yo leía y leía. Y por supuesto, después, la universidad y todas las cosas elevadas de mi vida, todas las inspiraciones vienen de la literatura... y ahora que lo preguntas, me doy cuenta de lo importante que es. Hay tanto que llega a través de la literatura, todos los dones de otra gente que comparte generosamente sus pensamientos, sus sentimientos. Los conoces, conoces a esa gente, sientes lo que otros sienten... y sin la perturbación que supondría tenerlos en tu salón. No hay otra comunicación como ésta. La literatura es, ha sido muy importante para mí, sí. Los libros ocupan una parte central en mi vida, realmente central. A: ¿En qué dimensión de la literatura te sientes más cómoda: en el desarrollo narrativo, en las disquisiciones reflexivas o en las eclosiones líricas? M: ¡En las eclosiones líricas! ¿Sabes?, cuando escribo algo que me hace llorar sé que es bueno. A: ¿Y tu inspiración? ¿Es principalmente emocional, intelectual o espiritual? M: Intelectual no, ciertamente. Emocional espiritual o espiritual emocional, diría yo. A: ¿Cuánta libertad con respecto a la versión india original del Mahabharata te has permitido en tu obra? M: Verás, como en toda épica, en la india hay poca penetración en los personajes. Se permite muy poca subjetividad. El narrador o el autor dice sólo: “Bhima cogió un árbol, dispuso de él y mató a setenta hombres...” Esto es una caricatura, por supuesto, pero hay muy poca exploración en lo que siente el personaje. Y eso es lo que yo quería hacer. Me permití imaginar lo que los personajes tuvieron que haber sentido en diferentes situaciones. Y no sólo eso: llené las lagunas entre algunas escenas del Mahabharata. Por otra parte, tomé sólo el hilo principal de la obra que, como tú sabes, es extraordinariamente largo. Se ha dicho siempre que es ocho veces la Iliada y la Odisea juntas. Y hay leyendas dentro de leyendas que están dentro de otras leyendas, y ni siquiera los indios han leído todo el poema. He ido a veces al Instituto de Indología para clarificar algún punto del Mahabharata y allí cada pandit es especialista sólo de una parte de la obra. Ninguno de ellos la ha leído entera. He encontrado, sin embargo, a dos personas que lo han hecho...¡y las dos son homeópatas! Sí, es difícil leerla. No lo fue para mí porque yo tengo en ella este interés apasionado, pero presentar toda la historia no es posible. Además, no todo el Mahabharata pertenece a Vyasa, ha habido muchas adiciones. Así que lo que hice fue tomar el hilo principal de la historia y dejé de lado muchas leyendas. Esto es parte de la libertad que me tomé: no presentarlo todo. Y me concentré en los personajes y acontecimientos que me interesaban y ahí traté de ser fiel al original. Eso es lo que ocurre en los dos primeros volúmenes pero, por ejemplo, hay partes que no ocupan más de tres o cuatro versos en Vyasa y que yo he amplificado hasta la mitad de un capítulo, porque podía ver la escena. Donde dice, por ejemplo, que Arjuna está en campaña y es atacado... ahí, en el segundo volumen, me he tomado mucha libertad y he amplificado el mero esqueleto de lo que se dice en el original hasta convertirlo casi en la mitad de mi libro. En el tercer volumen, Vyasa dice muy poco acerca de la última peregrinación de los Pandavas; yo he seguido su camino hasta las montañas y he descrito sus muertes una por una. En Vyasa creo que es media página. Así que en ese sentido me he tomado muchas libertades. He ampliado todo aquello que me parecía de interés. A: ¿Cuál es tu vínculo personal con el Mahabharata? ¿Por qué elegiste esta obra? M: ¡Ella me eligió a mí! A los diecisiete años leí el Bhagavad Gita, luego Los Ensayos sobre el Gita y, después, en todos mis libros hallaba siempre algo, alguna alusión al Gita, algo... Y además, en mi vida la cuestión de la acción, como en el Gita, ha sido siempre algo que debía resolver. Por otra parte, tenía este gran deseo, quizás, de compartir esta historia. Y mira, por todo el mundo hay millones y millones de personas que han leído el Gita pero que no saben nada del nacimiento de Krishna o de su muerte. Y yo siempre digo que es como leer el Sermón de la Montaña de Cristo sin saber nada de su vida, o de la situación política y social de aquel tiempo. A: En el primer volumen, La Batalla del Kurukshetra, el narrador cambia con frecuencia. Parece como si buscaras la perspectiva más apropiada, aquella con la que mejor podrías identificarte. ¿Es así realmente? ¿Por qué escoges por fin a Arjuna en el segundo volumen? M: Empecé a sentirme verdaderamente a gusto cuando cambié de Ashvatthama a Arjuna porque Arjuna, para mí, tiene algo de fluido. Es además el más noble. Yudhisthira, el mayor de los Pandavas, es la justicia. Pero Arjuna, aunque es un Pandava, es un extraño. Bhima y Yudhisthira, estos dos personajes tan diferentes, se aman muchísimo y comparten un vínculo muy especial. Luego están los gemelos, muy unidos entre ellos y de distinta madre que los otros tres hermanos. Pero Arjuna, de algún modo, no acaba de cuadrar en el grupo. En cuanto tiene la primera oportunidad, se dedica a vagar por ahí. Su verdadera relación es con Krishna... una relación llena de humor, de amor, algo incomparable. Y hay algo en él que no se adhiere religiosamente al Dharma, como Krishna. Observan el Dharma, la Ley, sí, pero no de un modo religioso. Es como si estuviese liberándose constantemente de algo. Y eso es lo que me permitió individualizarlo de esa manera en la campaña del segundo volumen. Y eso constituye su conflicto también, desde luego, porque hay una parte suya muy ligada al Dharma. De hecho, es la visión de la forma divina de Krishna lo que le permite la ruptura interior con el Dharma y poder luchar así contra su maestro. Y, sin embargo, es el que sufre el conflicto mayor por ello. El conflicto es tan agudo, su sentido de lo justo y lo erróneo es tan agudo, que para mí es como si la intensidad de la crisis hiciese descender otra dimensión. En mi propia vida, me he dado cuenta de que el punto de inflexión en mi espiritualidad era cuando vivía exactamente la misma situación. A: El Mahabharata narra la destrucción de la casta guerrera por Krishna. ¿Cuál era la necesidad histórica de esa destrucción... desde el punto de vista evolutivo? M: Bien, ya sabes que el ethos del guerrero era... En fin, no puedes tener gente jactándose de aquel modo sobre la tierra. Verás, para calentarse la sangre antes de la batalla, se lanzaban insultos unos a otros. Es una convención y, cuanto más se insultaban, más... En Vyasa está lleno de estas cosas. Explica cada día de batalla en detalle los insultos que un bando lanzaba al contrario. Cosas como: “Antes de que caiga la tarde, los buitres os picotearán el cerebro así que es inútil que intentéis resistirnos...”, y este tipo de cosas. No es un camino adecuado para la evolución. A: Del primer al segundo volumen de tu Mahabharata se percibe una mayor severidad en el tono y una creciente intensidad lírica. ¿Qué, en el proceso de inspiración, ha determinado estos cambios? M: Si hay una mayor severidad en el tono, debe de ser por el hecho de que en el segundo volumen se entra directamente en la guerra, que, podría decirse, involucró a todo el mundo conocido desde el punto de vista de los protagonistas. No existe nada como un gran cataclismo, un gran desastre, para centrar a uno. Se toca una cuerda profunda, que es lo que debe de evocar una lírica mayor. Quizás el hecho de que todos los críticos indios me dieran su apoyo y ninguno se refiriese a mí como una occidental tratando de interpretar su gran épica nacional y religiosa me dio confianza y me permitió seguir mi inspiración con mayor soltura. A: Diana Paxson, publicada recientemente por Apóstrofe, decía en el curso de su entrevista que, para un autor contemporáneo que reelabora épicas tradicionales, una de las primeras dificultades es encontrar un hilo narrativo coherente en historias usualmente largas y erráticas. ¿Hasta qué punto has debido enfrentar este problema en el Mahabharata? M: Tuve, en efecto, que desenredar el hilo narrativo principal del Mahabharata, pero éste se halla claramente allí. Resulta obvio dónde aparecen las interpolaciones, las leyendas y leyendas dentro de leyendas en el original. Muchas elaboraciones y reelaboraciones de reelaboraciones han tentado a los bardos a ofrecer reflexiones morales para ligar las historias, a introducir leyendas antiguas y, en última instancia, a decir lo que les dictase su fantasía. El Mahabharata, por supuesto, originalmente se recitaba, como la Odisea de Homero. Así que nadie puede decir exactamente qué proviene de Vyasa, aunque su estilo lleva un cierto carácter, austero, sin adornos e inconmensurablemente poderoso. A: ¿No resulta toda una hazaña literaria describir dieciocho días de batalla, uno por uno, sin caer en flagrantes repeticiones? M: En realidad no sé cómo hice estos dieciocho días de batalla. Batallando mi camino a través de ellos, supongo. Inspirada por la nobleza de ciertas acciones y al mismo tiempo horrorizada por la masacre. A medida que avanzan esos dieciocho días, hay una clara degeneración de la guerra, que va volviéndose más y más inmoral. A: ¿Dirías que ha habido en nuestro siglo un conflicto comparable a la Batalla del Kurukshetra por su trascendencia evolutiva? M: Sí, estoy convencida de que la Segunda Guerra Mundial fue un punto de inflexión en la evolución de la raza. Al igual que en el Kurukshetra, resulta muy evidente aquí la oposición de las fuerzas de la luz y de las tinieblas, que trataban de devorar el mundo. A: En el mundo del Mahabharata hay gente que cree a Krishna adhármico o inmoral. De hecho, todavía hay personas en India que mantienen esta opinión, como Krishna Chaitanya en su libro The Betrayal of Krishna. ¿Qué distingue, en tu opinión, lo adhármico de lo supradhármico, esto es, lo inmoral de lo supramoral? M: Como Arjuna, tienes que ver a Krishna en su Vishwarupa o Forma Universal. Has de tener una perspectiva verdaderamente universal para entenderlo, o bien tener fe en que Aquel que llega aconsejando lo que habitualmente se considera inmoral viene como representante del Divino y porta el fiat del Supremo. A: ¿Cuáles son las principales influencias en tu trabajo? M: Para mí Sri Aurobindo es el intérprete supradhármico del Gita y sus comentarios al Mahabharata me han resultado extremadamente iluminadores. Por otra parte, las Conversations de Mirra Alfassa arrojan, indirectamente, mucha luz sobre estas cuestiones del Dharma. A: ¿Cuál de los tres volúmenes publicados hasta ahora consideras más maduro? M: El Tercero. A: Dinos algo del cuarto. M: El cuarto volumen es algo que me gustaría hacer, pero que no he escrito todavía. Trataría de Arjuna y Ashwatthama en la Kaliyuga, el sufrimiento, la redención y la transformación de Ashwatthama. A: ¿Habrá un quinto tomo también? M: ¿Un quinto? Eso sí que me sorprendería. A: En cuanto al tercer volumen, ¿podemos preguntarte dónde, tanto en tu calidad de autora inspirada como de simple persona, hallas ese sentimiento de fin del mundo, de apocalipsis, que informa toda la historia y tan íntimamente transmite el discurso de Arjuna? M: Oh...(riendo) pero también es el principio de un nuevo mundo. A: Como buscadora espiritual, ¿qué esperabas de la composición de tu saga y qué consideras realizado? M: A mucha gente que sólo ha leído el Bhagavad Gita le ha permitido comprender mejor toda la historia al conocer más a fondo la figura de Krishna, su nacimiento y su muerte. Por lo que a mí respecta, ha sido una experiencia profundamente realizadora. |