
| DVD Ediciones Los Cinco Elementos, 13 Barcelona 2001 141 pgs. |
Percy Bysshe Shelley vivió entre los años
1792 y 1822, cruciales para la historia europea por los efectos de
la revolución francesa, las guerras napoleónicas y la
estela de cambios convulsivos que todo ello produciría en el
desarrollo de los pueblos de Occidente. Y vivió sus casi treinta
años (incompletos por poco menos de un mes) tejiendo momento
a momento una biografía fielmente romántica, que de
algún modo preludiaba —y constituía el experimento,
el modelo y el estímulo de— un nuevo tipo de individuo:
se mantuvo en permanente confrontación con su familia y, mientras
duró su estancia en Oxford, también con las autoridades
universitarias; se fugó con cada una de las dos mujeres que
serían sus esposas; luchó por las libertades civiles
en Irlanda y Gales, de un modo muy ingenuo, si se quiere, pero muy
idealista y comprometido también; creyó en una comunidad
ideal de espíritus y de afectos y luchó por construirla,
aunque probablemente ni las capacidades personales de quienes le rodeaban,
ni las suyas propias, estaban a la altura del horizonte concebido;
admiró, colaboró y compitió con Byron por la
prevalencia de sus valores humanistas frente al titanismo de su amigo
y rival; alimentó los ideales del feminismo, la igualdad, la
democracia y la unidad supranacional de los pueblos del mundo; vivió
hechizado y angustiado por el sortilegio de la belleza, a la que sin
cesar trató de encarnar en forma de palabra poética
y de encontrar en figura humana; y murió peleando con el mar
en un barco que tenía el nombre de un poema de Byron —el
Don Juan— y en un episodio que era como un eco lejano de la
famosa composición de Coleridge Las Rimas del Viejo Marinero.
En definitiva, más incluso que escribir sobre ella o a partir de ella, Shelley encarnó en su persona una era fundamental para el espíritu humano, la condensó en apenas tres décadas de tormentosa vida y le dio la forma de un texto a menudo jeroglífico. De ahí que todo lo que nos explica a Shelley, de un modo u otro, nos enriquezca. Sobre el valor de su poesía apenas puede haber disputa alguna; sus versos están entre los más finos y sutiles que ha dado la lengua inglesa. El valor de su prosa es quizás más discutible y, desde luego, más discutido. H. G. Wells presenta al protagonista de su novela In the Days of the Comet (un personaje, por cierto, que no tiene poco del activista crispado que Shelley fue a los veinte años) hablando de la obra del poeta, su gassy prose as well as his atmospheric verse (su prosa gaseosa —esto es, vacua, rarefacta— así como su verso atmosférico). Mary Shelley, mujer de Percy Bysshe y autora ella misma de novelas que serían precursoras de la moderna ciencia ficción, diecisiete años después de la muerte del poeta escribe a un amigo sobre la Defensa de la Poesía: is the only entirely finished & corrected prose essay left by him —it is truly magnificient & places him very high in the scale of prose writers (es el único ensayo en prosa enteramente acabado y corregido que dejó —es verdaderamente magnífico y lo sitúa muy alto en la escala de autores en prosa) . Lo cierto es que la prosa de Shelley sigue por lo general un curso medio entre estos dos juicios polares, rozando sólo rara y puntualmente momentos que la hagan merecedora de uno u otro de ellos. No es, quizá, lo que hace que Shelley sea universalmente conocido, pero sí es algo sin lo cual Shelley no puede ser verdaderamente conocido.
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